Cuando fuimos niños, todos fuimos genios

Cuando fuimos niños, todos fuimos genios
Cuando fuimos niños, todos fuimos genios

Cuando fuimos niños, todos fuimos genios

Cómo despertar la genialidad dormida o potenciar la genialidad despierta

Una aventuta que contiene algunos de los secretos que habilitan al trainer para despertar la genialidad dormida o potenciar la genialidad despierta

Despertar la genialidad

Le faltaban unos meses para cumplir los dos años. María era una niña despierta y alegre, con unos ojos preciosos que tenían el brillo del sol y una sonrisa contagiosa que, cuando entraba en contacto con la mirada, viajaba directamente al corazón y despertaba la mejor versión de uno mismo. Tenía el don de llenar de vida todo el espacio que ocupaba y mis mañanas con ella eran como vivir dentro del más precioso arcoíris.

Todavía no tenía muchas palabras en su vocabulario, pero se hacía entender muy bien y nuestra comunicación era fantástica.
Cada mañana, después de desayunar, habíamos establecido un hermoso ritual que generaba un mágico espacio de tiempo. Nos acercábamos al mueble de los libros, yo la cogía en brazos para que pudiese llegar hasta ellos y ella señalaba con el dedo el libro que quería que mirásemos juntas.

Sus elecciones habían sido cuentos hasta el día en que su pequeño dedo se paró sobre un libro que hablaba de las maravillas del universo. Se titulaba algo así como «El origen de la tierra»

Desde luego, no era un libro pensado para una niña de menos de dos años pero, por algún motivo que desconozco, ese libro se convirtió en su preferido y, a partir de aquel día, en nuestro ritual de después del desayuno, María no quería mirar ningún otro «cuento»

El origen de la Tierra

Así que «El origen de la tierra» se convirtió en el «cuento» de nuestras mañanas. Sentadas en el sofá, pasábamos las páginas, mirábamos las fotografías, hablábamos de lo que veíamos y nos deteníamos en las imágenes que llamaban su atención y entonces yo le ponía palabras y algún que otro sonido a lo que estábamos mirando.

De esa forma, María aprendió a decir «viento solar», «dibujo del mundo» (=mapa) «sistema solar» … mientras señalaba con el dedo los dibujos del libro. Nos reíamos mucho (las dos somos muy risueñas) y descubrir «el origen de la tierra» se convirtió en una de nuestras diversiones matutinas. Entre las imágenes preferidas de María, había una serie de simios y de homínidos a través de los que se podía seguir la evolución de la especie hasta llegar a la imagen de un astronauta como representación del hombre de nuestro tiempo.

Con mi pequeña sobrina, habíamos generado una especie de juego que consistía en que yo señalaba con mi dedo la primera de aquellas imágenes, ella me acompañaba con el suyo y entonces yo, como si estuviera presentando un espectáculo circense, le decía «un mono», ella repetía «un mono» (con el mismo énfasis circense que había utilizado yo) y pasábamos a la imagen siguiente en la que repetíamos la misma operación y así íbamos pasando de una imagen a otra hasta que llegábamos a la del astronauta y entonces yo decía «un hombre» y ella, en su divertida fonética de entonces, repetía «un hombre»

El hombre-mono

Trainer PNL - homo erectus

En nuestro juego, yo me saltaba la imagen del homo erectus pues me parecía que, a los dos años, quizás uno no está todavía preparado para comprender las semejanzas y el posible parentesco entre el hombre y el mono. Mi sorpresa sobre lo que es posible llegar a descubrir en los primeros años de la vida, llegó poco después.

Tras varios días repitiendo ese juego, cuando yo le iba señalando las imágenes, siempre saltándome al homo erectus, María ya decía sola si se trataba de un mono o de un hombre.

Un día, mientras estábamos enfrascadas en nuestro juego, cuando yo le señalé al astronauta esperando que dijera “un hombre”, ella se quedó mirando el dibujo sin decir nada, volvió a la imagen anterior que yo me había saltado y señalando con su pequeño dedo al simpático homo erectus, dijo “mira tieta, y esto es un hombre-mono” Con menos de dos años, María había “comprendido” la teoría de la evolución.

Los niños no ponen límite a su capacidad de aprendizaje

Una vez, escuché a John Grinder decir que, cuando fuimos niños, todos fuimos genios.

Lo cierto es que, en la primera infancia, hacemos aprendizajes extraordinariamente complejos con una simplicidad admirable. En esa primera etapa de la vida, aprendemos a mantenernos en pie, a caminar, a hablar… y hasta podemos aprender, como María, la teoría de la evolución sin necesitar un manual de instrucciones. Los niños pequeños no ponen límites a su capacidad de aprendizaje.

Quizás, una de nuestras principales funciones como formadores sea conseguir que los adultos tampoco lo hagan.

Alguien dijo una vez que empezamos a dejar de ser genios cuando fuimos a la escuela. Sin embargo, si fuimos geniales en nuestros primeros aprendizajes, aunque a veces pueda parecer que lo hemos olvidado.

¿No crees que, cuando no vemos, oímos o sentimos la genialidad que habita en cada persona, es sólo porque está dormida?

Esta historia sacada del cajón de recuerdos de las mañanas mágicas que compartí con María ocurrió hace ya muchos años.

Dieciséis años después, seguimos compartiendo muchos momentos mágicos y, con frecuencia, recordamos juntas nuestra aventura en su descubrimiento del “hombre-mono”

Aquella aventura, que ocupa un lugar privilegiado en mi memoria, contiene algunos de los secretos que, desde mi punto de vista, habilitan al trainer para despertar la genialidad dormida o potenciar la genialidad despierta. En los siguientes artículos comparto contigo algunos de esos secretos:

Muchas gracias por tu atención y por estar ahí, al otro lado de esta historia, completando con tus propios significados, el sentido que tiene para mí.

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