Lanza primero el corazón y después ve a buscarlo

habilidades del trainer - mantenimiento del estado
habilidades del trainer

Lanza primero el corazón y después ve a buscarlo

Una de las principales habilidades del Trainer
es el manejo del estado

La manera más efectiva de conseguir un buen estado en la audiencia es que el trainer esté en un buen estado

Habilidades del trainer: manejo del estado

Una vez, una persona preguntó a John Grinder cuáles eran las 3 cosas más útiles en las que debía fijarse un formador y él respondió que, efectivamente, había tres cosas fundamentales:

  • Primero: prestar atención a tu propio estado.
  • Segundo: prestar atención a tu propio estado.
  • Tercero: prestar atención al estado de tu público.

No es un error de transcripción: las dos primeras cosas más útiles para un trainer, según John Grinder, son la misma cosa.

habilidades del trainer - mantenimiento del estado

¿Cómo es que se le da el “doble” de importancia al estado del trainer?

El secreto está en su efecto mágico. El efecto maravilloso del buen estado del trainer es que es altamente contagioso.

En este sentido, podemos decir que la manera más efectiva de conseguir un buen estado en la audiencia es que el trainer esté en un buen estado.

¡Y atención! Lo mismo ocurre cuando el trainer se encuentra en un estado poco óptimo.

«Contagio» del estado

Hace años empecé a trabajar como profesora en un centro de los llamados “difíciles” y aquello supuso un importante reto en aquel momento de mi vida. Yo era muy joven y tenía mucha ilusión por enseñar a aquellos adolescentes. El problema era que ellos no parecían tener muchas ganas de aprender y menos de escucharnos, a mí y a mis colegas docentes.

Me llamaba la atención el aspecto cansado con el que llegaban a clase a las 8 de la mañana y también el hecho de que entrasen en el centro, pasasen por los pasillos y por mi lado como si yo fuese una parte más del mobiliario o cómo si ni siquiera me vieran.

Parecía que arrastraban los pies en lugar de caminar y que, al arrastrar los pies, también arrastraban la vida.

A las 8 de la mañana, la atención de sus ojos se focalizaba en el suelo pues, por la posición de su cabeza, eso era lo único que veían mientras se arrastraban hacia la clase. A esa hora parecían no tener energía, ni para las gamberradas.

El tercer día de clase, llegué un poco antes y pasé por el pasillo antes de que llegaran ellos. Entré en el aula vacía, dejé los libros en mi mesa y me puse a esperarles en la puerta de la clase con una gran sonrisa y la expresión de “este es el mejor lugar del mundo en el que yo querría estar en este momento

Supongo que entonces ya partía del convencimiento inconsciente de que lo que iba a aportarles era valioso (ver el artículo “Un mensajero llamado John Grinder”)

A medida que iban llegando, yo les recibía con un sonoro “¡Buenos días!” que acabó de despertar a más de uno que había llegado hasta allí un poco sonámbulo, sin acabar de desprenderse de los brazos de Morfeo.

Alzaban los ojos hacia mí y se encontraban con una amplia sonrisa. Entonces, me miraban como si yo fuese el bicho más raro que habían visto nunca y seguían caminando hasta llegar a su silla, eso sí, un poco más despejados por efecto del saludo.

Aparentemente, mi primer intento no había sido un gran éxito y yo estaba convencida que sólo era cuestión de seguir intentándolo. Así que, cada día les esperaba de la misma forma.

Poco a poco, empezaron a hacerse visibles algunos cambios, a diferentes velocidades según el ritmo de cada alumno.

Pronto dejó de “asustarles” el sonoro saludo porque ya se lo esperaban y ya llegaban hasta mí mirándome, aunque la mayoría de ellos continuaba sin demostrar que también tenían voz.

La mayoría empezaron mirándome como si estuviera completamente loca y, poco a poco, esas miradas empezaron a cambiar por miradas de curiosidad, diversión, complicidad… alguno hasta me guiñaba un ojo como primera forma de saludo.

También poco a poco y a diferentes ritmos, fui descubriendo que, a esa hora de la mañana, mis alumnos no eran mudos pues, además de mirarme, empezaron también a responder auditivamente a mi efusivo saludo. Esto también necesitó su tiempo.

Recuerdo que muchos de aquellos adolescentes a los que estoy recordando hoy con un inmenso cariño, empezaron respondiendo a mi “¡Buenos días!” con una especie de sonido gutural que recordaba nuestros orígenes primitivos.

Como provengo del ámbito de la Antropología, aquello me pareció muy interesante y lo entendí como un avance en nuestra relación.

Al poco tiempo, los sonidos guturales se fueron transformando en palabras como “Hola” “Buenas” acompañadas de sonrisas que respondían a mi propia sonrisa.

En poco más de un mes, ya no les esperaba en la puerta sino dentro de la clase y eran ellos los que se acercaban a saludarme e incluso a compartir conmigo alguna de sus aventuras.

Creo que, poco a poco empezaron a creerse que era posible que alguien estuviera deseando estar con ellos y enseñarles cosas. Meses después, a petición suya, estábamos ensayando una obra de Shakespeare. Todavía hoy, tantos años después, me emociono cuando les recuerdo interpretando “El sueño de una noche de verano”.

¿Te das cuenta de cómo funciona el “contagio” del estado?

Los dos lobos

cuento - jefe indio

Dicen que una noche de luna clara, un anciano jefe cherokee explicaba viejos relatos a sus nietos al calor de la hoguera.

Con ojos muy abiertos, los niños escuchaban la voz del abuelo explicándoles que, en el fondo de cada corazón, habitan dos lobos y  sostienen una lucha feroz.

  • Uno de esos lobos es el miedo; el otro el amor -les dijo el abuelo-, y también habitan y luchan dentro de vuestro propio corazón -Uno de los niños preguntó
  • Abuelo, ¿y cuál de los dos lobos ganará dentro de mi corazón? -El viejo jefe indio le miró directamente a los ojos y, tras una pausa breve, respondió lentamente
  • Ganará aquel que tú decidas alimentar

Mantenimiento del estado del trainer

Por encima de los problemas y de las dificultades, alimenta el amor. No hay mejor forma de mantener el estado. Apasiónate con lo que haces y con lo que transmites y esa pasión se contagiará. Esa es mi experiencia.

Como decía un entrenador de jinetes de alta competición, si quieres que un salto sea perfecto, cuando el caballo empieza a levantar sus patas para salvar un obstáculo, tú lanza, por encima del obstáculo, el corazón, y después ve a buscarlo.

lanza primero el corazón y después ve a buscarlo

Cuando inicies un curso, una presentación, una conferencia… puedes hacer lo mismo: lanza primero el corazón y después ve a buscarlo. Así es como lo vivo yo.

Muchas gracias por tu atención.

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